Recientes estudios han observado que las personas que practican la meditación Zen desarrollan una densidad más alta en la corteza cerebral de diversas zonas del cerebro y que al parecer esta diferencia de densidad les hace menos sensibles al dolor.

Al parecer esta diferencia en la densidad del cortex cerebral podría condicionar el modo en que las señales del dolor son percibidas haciendo a estos individuos más resistentes ante dolores crónicos y podría ayudar a tratar enfermedades derivadas del envejecimiento que afectan el cortex.